lunes, 20 de noviembre de 2017

Anticipar (André Kukla)

Es evidente que padecemos el engaño de que siempre debemos saber qué va a pasar más adelante. Sin una visión clara de lo que nos espera por delante, nos sentimos como una persona que tropieza en la oscuridad, que puede caerse por un precipicio en cualquier momento. Pero la analogía es poco adecuada. Si ya estamos involucrados en una actividad beneficiosa, no importa que el paso siguiente esté oculto en la oscuridad, porque no vamos a ir a ninguna parte. Las cosas están bien donde nos encontramos. La necesidad de saber siempre qué ocurrirá luego es como el miedo primitivo a la noche que nos hace insistir en que el suelo que tenemos ante nosotros esté iluminado aunque no planeemos salir de la cueva. Habrá tiempo suficiente para buscar precipicios cuando estemos preparados para salir.
Una anticipación de un paso tiene consecuencias que son aún más adversas que los castigos habituales por las anticipaciones. Si siempre intentamos anticipar qué ocurrirá a continuación, nunca podremos prestar toda la atención a la tarea que tenemos entre las manos. La consecuencia es que nunca podremos llevar a cabo la labor entre manos con la máxima eficacia. Si nos sumergimos en deliberaciones sobre la cena mientras conducimos, no lograremos ver el coche que de repente se nos cruza por delante. Y si la actividad presente se realiza por puro placer, nuestra alegría se verá debilitada por la intrusión del futuro. Si planificamos el trabajo de la noche en la mesa mientras cenamos, no saboreamos la comida.
Como la atención está siempre dividida, los enfermos crónicos de esta clase de anticipación nunca pueden funcionar a plena eficiencia, ni pueden experimentar los alcances máximos de placer. Esta disminución drástica de la vida es independiente de cuánto nos anticipemos al futuro. Hay gente que siempre está por delante de ella misma tan sólo un momento, y siempre echa un vistazo furtivo al siguiente instante para ver qué sucederá. Estas personas también podrían estar a miles de años. Nunca están del todo aquí; nunca hacen sólo eso. Por eso, nunca se sienten del todo vivas. 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Trampas mentales
André Kukla (Bélgica, 1942)

Nos complican la vida, nos alejan de la realidad, nos hacen perder el tiempo y, lo peor de todo, nos roban la alegría de vivir. Se trata de las trampas mentales que cada uno de nosotros, involuntaria pero sistemáticamente, nos creamos a diario.
El filósofo y psicólogo André Kukla identifica, en esta breve y divertida guía, las once trampas mentales más comunes y nos explica cómo evitar caer en ellas. Así, por ejemplo, nos habla de la persistencia, entendida como la incapacidad de abandonar una tarea o un pensamiento por inútil que sea; de la amplificación o el querer "matar moscas a martillazos"; de la resistencia o síndrome de "déjame intentarlo una última vez", y de las otras trampas mentales que, sin poder remediarlo, nos atacan y nos complican la vida gratuitamente.

domingo, 29 de octubre de 2017

Dragón (François Cheng)

Pu Yen T'u (Bu Yantu). Todas las cosas bajo el cielo tienen su visible-invisible. Lo visible es su aspecto exterior, es su yang; lo invisible es su imagen interior, su yin. Un yin, un yang, es el dao. Cual un dragón que se desplaza en el cielo, si se descubriera por completo, sin aura ni prolongación, ¿de qué misterio podría estar envuelto? Por ello, tras las nubes se oculta siempre un dragón. Arrastrando vientos y lluvias, se lanza, raudo, y da vueltas, soberbio.  Tan pronto hace brillar sus escamas como deja adivinar su cola. Por mucho que abra los ojos, el espectador nunca acaba de verlo todo. Con su doble aspecto visible-invisible, el dragón ejerce su infinito poder de fascinación. Así pues, el paisaje que fascina a un pintor debe incluir al mismo tiempo lo visible y lo invisible. Todos los elementos de la naturaleza que parecen acabados están en realidad ligados al infinito. Para integrar lo infinito en lo finito, para combinar visible e invisible, es imprescindible que el pintor sepa sacar partido del juego de lleno-vacío del que el pincel es capaz, y de concentrado-diluido de que es capaz la tinta. Puede empezar por el vacío y hacerlo desembocar en lo lleno, o a la inversa. El pincel debe ser ágil y vigoroso: ante todo evitar la banalidad. La tinta debe ser matizada y variada: hacer lo posible por no caer en la evidencia. No olvidar que el encanto de mil montañas y diez mil valles reside en los virajes disimulados y las junturas secretas. Ahí donde las colinas se abrazan unas a otras, donde los peñascos se abren unos a otros, donde se entremezclan los árboles, se agazapan las casas, el camino se pierde a lo lejos, se refleja el puente en el agua, hay que utilizar blancos para que el halo de las brumas y el reflejo de las nubes compongan una atmósfera cargada de grandeza y misterios. Se trata de una presencia sin forma pero dotada de infalible estructura interna. ¡No bastaría con todo el arte de lo visible-invisible para restituirla!














Vacío y plenitud
François Cheng ( Nanchang (China), 30 de agosto de 1929)

Vacío y plenitud es una de esas obras fundamentales que permiten acceder a la comprensión de la pintura china. Su autor, François Cheng, conocido especialista en poesía y pintura chinas, expone el desarrollo que, a lo largo de quince siglos, ha tenido la pintura en China, pero su estudio no es de carácter histórico sino filosófico.
La primera parte explora el sistema de la pintura en relación con la filosofía taoísta a partir de la noción de vacío que todo artista debe conocer, eje fundamental de la concepción china del universo y su comprensión del mundo objetivo, ligado a la idea del aliento vital y al estado supremo al que el hombre debe tender. La segunda parte concreta ese sistema en la pintura a través de los escritos teóricos del célebre pintor Shitao (1641-1707).
Cheng explica también al lector occidental la adscripción de este arte a la concepción taoísta, incorporando fragmentos de pintores y tratadistas chinos sobre elementos y momentos de la actividad pictórica.

domingo, 8 de octubre de 2017

Hijo (Kenzaburo Oé)

-Existen probabilidades de que crezca con normalidad -dijo-, pero existe un alto riesgo de que su coeficiente intelectual sea muy bajo. Eso significa que tendré que ahorrar todo lo que pueda para su futuro. Desde luego que no le pediré que me ayude a encontrar un trabajo, después de lo sucedido con el anterior. He decidido abandonar mi carrera docente... He pensado en trabajar como guía de turistas extranjeros. Siempre soñé con viajar a África y contratar un guía, de modo que sólo invertiré la fantasía: yo seré el guía local para quienes viajen a Japón.
El profesor iba a replicarle pero tuvieron que hacerse a un lado para dejar paso a una pandilla de chicos. Todos llevaban chaquetas con un dragón bordado en la espalda. Bird se dio cuenta de quiénes eran: los gamberros con los que había peleado la noche en que nació el bebé.
-Conozco a esos muchachos pero ellos no me han reconocido.
-En pocas semanas te has convertido en otra persona. Tal vez se deba a ello.
-¿De verdad lo cree así?
-Has cambiado mucho. -La voz del profesor sonaba cálida y afectuosa-. Un apodo infantil como Bird ya no te va.
Se detuvieron a esperar a las mujeres y entonces Bird miró a su hijo, acunado en brazos de su esposa. Intentó reflejar su imagen en las pupilas del bebé, pero fue tan minúscula que Bird no pudo confirmar su nuevo rostro. En cuanto llegara a casa se echaría un vistazo en el espejo. Y luego estrenaría el diccionario que le regalara Delchef, en cuya solapa interior había escrito una palabra que significaba "esperanza". La primera palabra que Bird quería buscar en el diccionario de aquel pequeño país balcánico era "perseverancia".


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Una cuestión personal
Kenzaburo Oé (Uchiko (Japón), 31 de enero de 1935)

"Una cuestión personal" cuenta la terrible odisea de Bird, un joven profesor de inglés abrumado por una cenagosa existencia cotidiana en el Japón contemporáneo. Su anhelo secreto es redimirse a través de un mítico viaje por África, donde, según cree, su vida renacerá plena de sentido. Pero tales proyectos sufren un vuelco de ciento ochenta grados: su esposa da a luz un monstruoso bebé, condenado a una muerte inminente o, en el mejor de los casos, a una vida de vegetal. Este hecho convulsiona el lánguido e indolente existir de Bird y, durante tres días y tres noches, se arrastra por un implacable recorrido hacia lo más profundo de su abismo interior. Descenso a los infiernos en el que le acompañará Himiko, una vieja compañera de estudios. Bird buscará refugio en el alcohol, en los brazos de Himiko y, principalmente, en su propia vergüenza y humillación: ¿debe aceptar la fatalidad, cargar para siempre con un hijo anormal y renunciar a sus planes de una vida mejor o, por el contrario, debe desembarazarse del bebé provocando un desenlace fatal?

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Enemigo (Rosa Luxemburg)

Me figuro que, ante el mar, el sentimiento que se debe experimentar más profundamente debe ser el de la propia nada, quiero decir frente a eso que la mar tiene de eterno, de inmutable, de maravillosa indiferencia. He experimentado esta sensación cuando vi la catarata del Rin en Suiza y su perpetuo tumulto, que no cesa un segundo, durante el día y la noche, más allá de los siglos; me llenaba con un sentimiento de angustia y anonadamiento. Volví a casa completamente destrozada, y en la actualidad todavía, cada vez que paso por delante, y veo por la ventana del tren ese terrible espectáculo, esa espuma que salta, ese abismo blanco de agua hirviente y cuando oigo ese tumulto ensordecedor, mi corazón se estremece y algo en mí me dice: "He ahí el enemigo". ¿Os asombráis? Evidentemente, es el enemigo de la vanidad humana que se cree que es alguien y de pronto se convierte en nada. Tal es también, por otra parte, el efecto de una concepción que de todo dice, como Ben Akiba: "Siempre ha sido así", "Ya irá bien solo", etcétera; y donde el hombre, con su querer, poder y saber, parece completamente superfluo... Por esta razón, odio esta filosofía, mi querido Carlomagno, y me mantengo en la idea de que más bien habría que arrojarse a la catarata del Rin y perecer en ella como una cáscara de nuez, en lugar de sacar la cabeza y dejar mugir el agua como mugía en tiempo de nuestros antepasados y como mugirá después de nosotros. Querida Lulú, los resedas y los claveles están todavía florecidos y huelen "tan bien como el primer día".
Os saludo cordialmente a todos, sin olvidar los niños y la Muchacha de las ocas.
Vuestra Rosa. 

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Cartas a Karl y Luise Kautsky
Rosa Luxemburg (
Zamość (Polonia), 5 de marzo de 1871 - Berlín (Alemania), 15 de enero de 1919)
 
Rosa Luxemburg entró en la vida de los Kaustky, tras su difícil instalación en Berlín, en 1898, cuando los cuadros de la socialdemocracia recibieron con una extrema desconfianza a esta extranjera, de la que sólo se conocían algunos polémicos artículos y unas intervenciones, más polémicas todavía, en los congresos. La amistad con los Kautsky surgía en el momento oportuno. La lectura de estas cartas a Karl, y en especial a Luise, nos informan sobre los periodos cruciales de su vida y su acción. Para quien desee conocer su personalidad más allá de sus escritos doctrinales y comprender no sólo los incidentes de su biografía sino también el profundo sentido de su carácter, estas cartas se convierten en un documento indispensable...

domingo, 20 de agosto de 2017

Lirio (Ryookan)

kakitsubata
ware kono tei ni
yoi ni keri


El lirio ese
cerca de mi cabaña
me ha emborrachado.


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Los 99 jaikus
Ryookan (
Niigata (Japón), 1758 - 1831)

Contemporáneo de Issa Kobayashi o de Goethe y Goya en Occidente, Ryookan tuvo una formación budista como monje zen, aunque pronto decidió emanciparse y vivir de manera independiente, como ermitaño mendicante. Pasó la mayor parte de su vida en pequeñas cabañas o eremitorios, cercanos a templos no como monje de vida comunitaria, sino como hombre libre, imbuido del espíritu zen, a quien gustaba disfrutar de la naturaleza y de la compañía humana, vivir a su aire, sin ataduras, y escribir con hermosa caligrafía versos de diversos estilos y temáticas, en chino y en japonés.

lunes, 24 de julio de 2017

Documento (Henry Miller)

Cuando escribo estas líneas, Anaïs Nin ha iniciado el quincuagésimo volumen de su Diario, la crónica de una lucha de veinte años en procura de la propia realización. Es todavía una mujer joven y ha hallado tiempo, en medio de una vida de intensa actividad, para producir una monumental confesión que cuando llegue al mundo ocupará su lugar al lado de las revelaciones de San Agustín, Petronio, Rousseau, Proust y otros.
De los veinte años registrados, la mitad fueron vividos en Estados Unidos, y la mitad en Europa. El Diario abunda en viajes; en realidad, como la vida misma, puede considerárselo nada más que un viaje. El Diario no es un viaje hacia el centro de la sombra, en el severo sentido que Conrad atribuía al destino, ni un voyage au bout de la nuit,  como en el caso de Céline, ni siquiera un viaje a la Luna en el sentido psicológico de una fuga. Se asemeja mucho a una excursión mitológica hacia la fuente y el origen de la vida... casi diría un viaje astrológico de metamorfosis.
Casi es innecesario subrayar la importancia de esta obra en nuestro tiempo. A medida que nuestra Era toca a su fin, adquirimos mayor conciencia del tremendo significado del documento humano. Nuestra literatura, incapaz ya de expresarse mediante formas moribundas, se ha convertido en un género casi exclusivamente biográfico. El artista se retira detrás de las formas muertas para redescubrir en sí mismo la fuente eterna de la creación. Nuestra época, intensamente productiva, y a pesar de ello desprovista de vitalidad y capacidad creadora, está obsesionada por el anhelo vehemente de investigar los misterios de la personalidad. Nos volvemos instintivamente hacia los documentos -fragmentos, notas, autobiografías, diarios- que calman nuestro apetito de más vida porque, al evitar la tortuosa expresión del arte, parecerían ponernos directamente en contacto con lo que buscamos. Digo "parecerían" porque, contra lo que nos imaginamos, no existen atajos, y porque la expresión más directa, la más permanente y la más eficaz es siempre la del arte.


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El ojo cosmológico
Henry Miller
(
Nueva York, 26 de diciembre de 1891 -  Los Ángeles, 7 de junio de 1980)
 
Estos ensayos nos permiten acercarnos a la visión de Miller sobre el mundo cultural en el que se encontraba sumergido. Rodeado por intelectuales de la época es inevitable su influencia. En estos escritos encontramos severas y profundas críticas cinematográficas, alusiones a Buñuel, Dalí, Lawrence, creando casi un código de lo intelectual de la época.
Contiene también relatos inspirados por Anaïs Nin, quien fue mucho más que su amante durante un largo tiempo, ya sea verbalizando una de sus fantasías o aludiendo a sus diarios personales.
Finalmente, sobre el final de la obra escribe una nota autobiográfica donde se describe como un autor que, cuando escribe, su objetivo es establecer una realidad mayor. No se piensa como realista ni naturalista, sino en favor de la vida, la cual en literatura sólo puede ser alcanzada, según él, mediante el empleo del sueño y del símbolo.
En pocas palabras, se describe como un escritor metafísico que utiliza el drama y el incidente como sólo un recurso para plantear algo más profundo.

domingo, 25 de junio de 2017

Futuro (Joan Margarit)

Nadábamos confiados en un mar
donde luces de barcas al crepúsculo
decían temblorosas: no tenéis futuro.

Bailando en entoldados de las playas
hasta la madrugada, las estrellas
temblando nos decían: no tenéis futuro.

Deja el viento un tesoro de hojas secas
amontonadas en algún lugar
que temblorosas dicen: no hay futuro.

El futuro es la playa donde estamos
cada uno acompañado por el mar
y el invierno en las venas. Recordando.


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Aguafuertes
Joan Margarit
(Sanahuja, Lérida, 11 de mayo de 1938
)

La maduración sentimental, lo que nos hace valiosos como personas y que nos da la posibilidad de mejorar con el paso del tiempo, es la incidencia de cada sentimiento en la memoria de los antiguos, formando un tejido cada vez más complejo y delicado, siempre sometido al peligro de ser destruido parcialmente -en ocasiones terribles de una manera total- por la incorporación de las infinitas variaciones que la vida no deja nunca de introducir en sus íntimas estructuras. Utilizo el adjetivo "delicado" al referirme a esta memoria sentimental que es el núcleo de nuestro ser afectivo y moral, lo cual conecta con las conocidas expresiones coloquiales que habla de la "delicadeza de los sentimientos". Todos somos conscientes de la debilidad de esa estructura, de cómo es vulnerable y de cómo, en cambio, constituye nuestra única riqueza.
Joan Margarit (Prólogo de Aguafuertes)

domingo, 28 de mayo de 2017

Maestro (Yogui Bhajan)

En los últimos años Occidente se ha inundado de maestros, gurus, swamis, yoguis, avatares, etc. Muchos guías sinceros han venido de Oriente para compartir sus conocimientos y llenar este vacío de guía espiritual que existe en nuestras tierras. Emocionados ante la presencia de hombres de tal sabiduría y paz, muchos alumnos caen víctimas de su propia tendencia a identificar a este hombre como un Ser Supremo (como el fin a alcanzar y no como el guía hacia el fin). Adoran la personalidad y no el espíritu del guía. El maestro es como una gasolinera, cuando el depósito está vacío lo llenas, pero no te llevas la gasolinera contigo. El maestro te libera de la duda y la oscuridad, reenciende la luz de tu espíritu y te dirige hacia el buen camino.
Existen dos tipos de maestros. El primero es como la máquina de un tren, a la cual se enganchan los demás vagones que le siguen moviéndose dependientes de él. El otro tipo de maestro es como un buen mecánico. Cada coche tiene su propio motor y no puede conducirse a si mismo. Si hay averías entonces vas al mecánico para repararlas y poder llegar a destino, al mismo tiempo que él les va enseñando cómo efectuar las reparaciones ellos mismos para el futuro.
La relación entre discípulo y maestro es de total libertad. Ante cualquier dificultad, duda o confusión que el alumno tenga, sabe a quien dirigirse. Todo ser humano tiene la necesidad de confiar totalmente en otra persona. Esta es la función del maestro, alguien a quien puedes acudir, que sabes que tendrá la paciencia necesaria contigo, una mente imparcial y libre de prejuicios con quien podrás hablar con toda confianza y que te dirá la Verdad clara y honestamente.
Cuando acudes a un maestro su primer deber es escucharte, empatizar con tu problema. Después, a través de su capacidad meditativa, él tendrá que medir tu capacidad de escuchar y entonces comenzará a hablar contigo. A esto se le conoce como "lucha libre espiritual". El maestro te dará inicialmente una buena batalla, de manera que puedas liberar tu  tensión mental y relajarte, y así abrirte a escuchar y comprender la Verdad.

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Kundalini Yoga
Yogui Bhajan
(Gujranwala -India-, 26 de agosto de 1929 - Española -Estados Unidos-, 6 de octubre de 2004)

Este libro ofrece las técnicas y las enseñanzas para alcanzar un perfecto equilibrio físico y mental. Un yoga teórico y muy práctico para la nueva era.
Yogui Bhajan fue el máximo exponente de la antigua ciencia del Kundalini Yoga en el mundo. Doctor en psicología y Director Espiritual de la Fundación 3HO. Nacido en la India, fue reconocido como Maestro de Kundalini Yoga a la edad de 16 años y medio. Vino a Occidente en 1969 para compartir sus enseñanzas y conocimientos del Yoga y la naturaleza espiritual del Hombre, y desde entonces se ha convertido en Maestro y guía espiritual de miles de personas. 
Residió  en Los Ángeles, California, aunque pasó la mayor parte de su tiempo viajando e impartiendo cursos de Meditación y Tantra Yoga Blanco. Enseñó las posturas, las Kriyas, meditación y Mantras, el procedimiento para practicar el Kundalini.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Figura (László E. Almásy)

De allí conduje la expedición por Kufra hacia el vértice noroccidental de la sierra de Jilf Al Kabir, hasta el valle rocoso donde P.A. Clayton, en 1931, y yo mismo, en 1932 y 1933, hallamos imágenes grabadas y útiles de piedra. Mientras mis compañeros copiaban las figuras, marché también allí con Sabir hacia el este en viaje de descubierta siguiendo el borde rocoso del altiplano del Jilf. En aquel lugar reconocí ya desde lejos el estrato rocoso en el que la arenisca blanca se asienta sobre una roca dura. A cuatro kilómetros de nuestro campamento me introduje con el coche en uno de aquellos uadis y comenté a Sabir que también allí íbamos a encontrar cuevas con pinturas. Pero nuestro nuevo descubrimiento superó todas las expectativas.
En el valle, hallé cuatro cuevas pintadas con bellísimas imágenes. En la mayor, pude comprobar que el techo había estado completamente cubierto de pinturas en otros tiempos, pero, con el paso de los milenios, la capa superior se había desprendido en casi todas las partes junto con las imágenes. Sólo en puntos aislados se mantenían, como manchas aisladas, algunos fragmentos. Aquel uadi debió haber sido en otras épocas un lago. En efecto, en una de las cuevas descubrí el grupo de figuras de nadadores.
Allí apareció también un color que no habíamos visto hasta entonces: el ocre amarillo. El estilo de las figuras corresponde con toda claridad al egipcio antiguo; las imágenes muestran escenas de familias y danzas, y la lucha entre hombres con arcos y flechas; podían servir como una auténtica revista de moda de tocados y vestidos. En la mayor de las cuevas encontré una piedra grande, tallada de forma oval, una de cuyas superficies estaba igualmente pintada de rojo. Al principio pensé que aquella piedra podía haber servido en su momento para moler el pigmento; pero, al examinarla más de cerca ví en las dos caras unos ojos y labios tallados. Más tarde, en El Cairo, los egiptólogos constataron que aquella piedra era la forma más primitiva de las llamadas paletas, halladas en las tumbas del antiguo Egipto.
Bauticé este valle con el nombre de Uadi Sora, es decir, el "Valle de las figuras".

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Nadadores en el desierto 
László E. Almásy (Borostyánkő,  3 de septiembre de 1895 – Salzburgo, 22 de marzo de 1951) 

Como es sabido, el protagonista de El paciente inglés, la novela de Michael Ondaatje y la famosa película de Anthony Minghella, existió realmente: se trata del pionero del automóvil, piloto y aventurero aristócrata de origen austrohúngaro Ladislaus E. Almásy.
A principios de los años treinta, el conde de Almásy, como a él le gustaba llamarse, realizó en automóvil y avioneta una serie de arriesgadas expediciones a los lugares más recónditos del Sáhara oriental. La crónica en primera persona de esas vivencias se encuentra en Sáhara desconocido, publicado en 1934 en húngaro y cinco años más tarde, en una edición ampliada y modificada, en alemán.
Nadadores en el desierto ofrece los capítulos centrales de ambas ediciones, en los que Almásy narra sus aventuras y hallazgos más sobresalientes: entre otros, la azarosa búsqueda del mítico oasis perdido de Zarzura y el sensacional descubrimiento, en una de las zonas desérticas más inaccesibles del planeta, de las bellísimas pinturas rupestres.