domingo, 25 de junio de 2017

Futuro (Joan Margarit)

Nadábamos confiados en un mar
donde luces de barcas al crepúsculo
decían temblorosas: no tenéis futuro.

Bailando en entoldados de las playas
hasta la madrugada, las estrellas
temblando nos decían: no tenéis futuro.

Deja el viento un tesoro de hojas secas
amontonadas en algún lugar
que temblorosas dicen: no hay futuro.

El futuro es la playa donde estamos
cada uno acompañado por el mar
y el invierno en las venas. Recordando.


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Aguafuertes
Joan Margarit
(Sanahuja, Lérida, 11 de mayo de 1938
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La maduración sentimental, lo que nos hace valiosos como personas y que nos da la posibilidad de mejorar con el paso del tiempo, es la incidencia de cada sentimiento en la memoria de los antiguos, formando un tejido cada vez más complejo y delicado, siempre sometido al peligro de ser destruido parcialmente -en ocasiones terribles de una manera total- por la incorporación de las infinitas variaciones que la vida no deja nunca de introducir en sus íntimas estructuras. Utilizo el adjetivo "delicado" al referirme a esta memoria sentimental que es el núcleo de nuestro ser afectivo y moral, lo cual conecta con las conocidas expresiones coloquiales que habla de la "delicadeza de los sentimientos". Todos somos conscientes de la debilidad de esa estructura, de cómo es vulnerable y de cómo, en cambio, constituye nuestra única riqueza.
Joan Margarit (Prólogo de Aguafuertes)

domingo, 28 de mayo de 2017

Maestro (Yogui Bhajan)

En los últimos años Occidente se ha inundado de maestros, gurus, swamis, yoguis, avatares, etc. Muchos guías sinceros han venido de Oriente para compartir sus conocimientos y llenar este vacío de guía espiritual que existe en nuestras tierras. Emocionados ante la presencia de hombres de tal sabiduría y paz, muchos alumnos caen víctimas de su propia tendencia a identificar a este hombre como un Ser Supremo (como el fin a alcanzar y no como el guía hacia el fin). Adoran la personalidad y no el espíritu del guía. El maestro es como una gasolinera, cuando el depósito está vacío lo llenas, pero no te llevas la gasolinera contigo. El maestro te libera de la duda y la oscuridad, reenciende la luz de tu espíritu y te dirige hacia el buen camino.
Existen dos tipos de maestros. El primero es como la máquina de un tren, a la cual se enganchan los demás vagones que le siguen moviéndose dependientes de él. El otro tipo de maestro es como un buen mecánico. Cada coche tiene su propio motor y no puede conducirse a si mismo. Si hay averías entonces vas al mecánico para repararlas y poder llegar a destino, al mismo tiempo que él les va enseñando cómo efectuar las reparaciones ellos mismos para el futuro.
La relación entre discípulo y maestro es de total libertad. Ante cualquier dificultad, duda o confusión que el alumno tenga, sabe a quien dirigirse. Todo ser humano tiene la necesidad de confiar totalmente en otra persona. Esta es la función del maestro, alguien a quien puedes acudir, que sabes que tendrá la paciencia necesaria contigo, una mente imparcial y libre de prejuicios con quien podrás hablar con toda confianza y que te dirá la Verdad clara y honestamente.
Cuando acudes a un maestro su primer deber es escucharte, empatizar con tu problema. Después, a través de su capacidad meditativa, él tendrá que medir tu capacidad de escuchar y entonces comenzará a hablar contigo. A esto se le conoce como "lucha libre espiritual". El maestro te dará inicialmente una buena batalla, de manera que puedas liberar tu  tensión mental y relajarte, y así abrirte a escuchar y comprender la Verdad.

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Kundalini Yoga
Yogui Bhajan
(Gujranwala -India-, 26 de agosto de 1929 - Española -Estados Unidos-, 6 de octubre de 2004)

Este libro ofrece las técnicas y las enseñanzas para alcanzar un perfecto equilibrio físico y mental. Un yoga teórico y muy práctico para la nueva era.
Yogui Bhajan fue el máximo exponente de la antigua ciencia del Kundalini Yoga en el mundo. Doctor en psicología y Director Espiritual de la Fundación 3HO. Nacido en la India, fue reconocido como Maestro de Kundalini Yoga a la edad de 16 años y medio. Vino a Occidente en 1969 para compartir sus enseñanzas y conocimientos del Yoga y la naturaleza espiritual del Hombre, y desde entonces se ha convertido en Maestro y guía espiritual de miles de personas. 
Residió  en Los Ángeles, California, aunque pasó la mayor parte de su tiempo viajando e impartiendo cursos de Meditación y Tantra Yoga Blanco. Enseñó las posturas, las Kriyas, meditación y Mantras, el procedimiento para practicar el Kundalini.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Figura (László E. Almásy)

De allí conduje la expedición por Kufra hacia el vértice noroccidental de la sierra de Jilf Al Kabir, hasta el valle rocoso donde P.A. Clayton, en 1931, y yo mismo, en 1932 y 1933, hallamos imágenes grabadas y útiles de piedra. Mientras mis compañeros copiaban las figuras, marché también allí con Sabir hacia el este en viaje de descubierta siguiendo el borde rocoso del altiplano del Jilf. En aquel lugar reconocí ya desde lejos el estrato rocoso en el que la arenisca blanca se asienta sobre una roca dura. A cuatro kilómetros de nuestro campamento me introduje con el coche en uno de aquellos uadis y comenté a Sabir que también allí íbamos a encontrar cuevas con pinturas. Pero nuestro nuevo descubrimiento superó todas las expectativas.
En el valle, hallé cuatro cuevas pintadas con bellísimas imágenes. En la mayor, pude comprobar que el techo había estado completamente cubierto de pinturas en otros tiempos, pero, con el paso de los milenios, la capa superior se había desprendido en casi todas las partes junto con las imágenes. Sólo en puntos aislados se mantenían, como manchas aisladas, algunos fragmentos. Aquel uadi debió haber sido en otras épocas un lago. En efecto, en una de las cuevas descubrí el grupo de figuras de nadadores.
Allí apareció también un color que no habíamos visto hasta entonces: el ocre amarillo. El estilo de las figuras corresponde con toda claridad al egipcio antiguo; las imágenes muestran escenas de familias y danzas, y la lucha entre hombres con arcos y flechas; podían servir como una auténtica revista de moda de tocados y vestidos. En la mayor de las cuevas encontré una piedra grande, tallada de forma oval, una de cuyas superficies estaba igualmente pintada de rojo. Al principio pensé que aquella piedra podía haber servido en su momento para moler el pigmento; pero, al examinarla más de cerca ví en las dos caras unos ojos y labios tallados. Más tarde, en El Cairo, los egiptólogos constataron que aquella piedra era la forma más primitiva de las llamadas paletas, halladas en las tumbas del antiguo Egipto.
Bauticé este valle con el nombre de Uadi Sora, es decir, el "Valle de las figuras".

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Nadadores en el desierto 
László E. Almásy (Borostyánkő,  3 de septiembre de 1895 – Salzburgo, 22 de marzo de 1951) 

Como es sabido, el protagonista de El paciente inglés, la novela de Michael Ondaatje y la famosa película de Anthony Minghella, existió realmente: se trata del pionero del automóvil, piloto y aventurero aristócrata de origen austrohúngaro Ladislaus E. Almásy.
A principios de los años treinta, el conde de Almásy, como a él le gustaba llamarse, realizó en automóvil y avioneta una serie de arriesgadas expediciones a los lugares más recónditos del Sáhara oriental. La crónica en primera persona de esas vivencias se encuentra en Sáhara desconocido, publicado en 1934 en húngaro y cinco años más tarde, en una edición ampliada y modificada, en alemán.
Nadadores en el desierto ofrece los capítulos centrales de ambas ediciones, en los que Almásy narra sus aventuras y hallazgos más sobresalientes: entre otros, la azarosa búsqueda del mítico oasis perdido de Zarzura y el sensacional descubrimiento, en una de las zonas desérticas más inaccesibles del planeta, de las bellísimas pinturas rupestres.

lunes, 17 de abril de 2017

Atrapado (Caroline Alexander)

-Está casi en las últimas. El barco no puede aguantar más, capitán. Más vale que se resigne a aceptar que es sólo cuestión de tiempo. Puede que sean uno meses o sólo unas semanas o hasta unos días, pero lo que el hielo agarra, lo guarda.
Año 1915. Quien habla así era sir Ernest Shackelton, uno de los exploradores polares más famosos de la época, y sus compañeros eran Frank Wild, su segundo, y el capitán Worsley. Su buque Endurance se hallaba atrapado a los 74 grados de latitud sur, en las aguas heladas del mar de Weddell, en el Antártico. Shackelton se hallaba comprometido en una ambiciosa misión: había viajado, con sus hombres, hacia el sur para alcanzar una de las escasas metas que quedaban en el mundo de las exploraciones: la travesía a pie del continente antártico.
Desde diciembre de 1914, el Endurance había hecho frente a condiciones excepcionalmente duras del hielo, recorriendo mas de mil seiscientos kilómetros desde las remotas estaciones balleneras de la isla San Pedro, a las puertas del Círculo Polar Antártico. A unos ciento sesenta kilómetros de su meta, el hielo, cuyo estado había cambiado, detuvo el buque. Un duro vendaval del nordeste, que soplaba desde hacía seis días, presionaba el banco de hielo en que se hallaba atrapado el barco. Días después, la temperatura cayó a doce grados por debajo del punto de congelación, lo que tuvo como consecuencia que las placas de hielo quedarán solidificadas para todo el invierno. Entretanto, la lenta e implacable deriva hacia el noroeste del mar de Wedell arrastraba al impotente Endurance, prisionero de las placas, cada vez más lejos de la tierra que había estado tan cerca de alcanzar.


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Atrapados en el hielo
Caroline Alexander (Florida, 1956)

"Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito."
Con este escueto anuncio publicado en 1911 en el periódico ingles The Times se inició la odisea de Ernest Shackleton y los 28 hombres que le acompañarían en su tercera expedición a la Antártida, una de las historias de supervivencia extrema más increibles de la historia humana que ha llegado a nuestros dias, perfectamente documentada, en gran parte gracias a las fotografías que se conservan de la expedición y al relato de los supervivientes.
En aquel entonces, Ernest Shackleton planificaba su tercera aventura en tierras del antártico. Shackleton es hoy el explorador polar más conocido de la historia, junto a Scott y Amundsen. Carismático viajero, este explorador irlandés pasó a la historia gracias a que su tercera expedición resultó un absoluto fracaso. ¿Gracias? Si, gracias, porque una historia así, a pesar de las penalidades sufridas, merecía ser vivida y recordada por las generaciones venideras, como toda un ejemplo de estoicismo y tozudez frente a la adversidad. Su gesta pasó a los anales de la exploración por la capacidad demostrada para resistir y superar las adversidades más extremas,  aunque ni siquiera lograron acercarse al continente antártico.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Atmósfera (Anaïs Nin)

Por qué escribimos es una pregunta que puedo responder con facilidad, ya que me lo he preguntado a mí misma muchas veces. Creo que uno escribe porque necesita crear un mundo en el que poder vivir. Yo no podía vivir en ninguno de los mundos que se me ofrecían - el mundo de mis padres, el mundo de Henry Miller, el mundo de la guerra, el mundo de la política.
Tuve que crear un mundo mío, como un clima, un país, una atmósfera en la que yo pudiera respirar, reinar y recrear lo que la vida destruía. Esa es, creo yo, la razón de cualquier obra de arte. El artista es el único que sabe que el mundo es una creación subjetiva, que hay que tomar una elección, una selección de elementos. Es una concretización, una encarnación de su mundo interior. Y después espera atraer otros seres, esperar imponer esta visión particular y compartirla con los otros. Incluso si la segunda etapa no se alcanza, el artista, sin embargo, continúa valientemente. Los raros momentos de comunión con el mundo valen la pena, puesto que es un mundo para los otros, una herencia para los otros, un regalo para los otros, en definitiva. Cuando se crea un mundo tolerable para si mismo, se crea un mundo tolerable para los otros.
Escribimos para aumentar nuestra conciencia de la vida, escribimos para atraer y encantar y consolar a otros, escribimos para llevar una serenata a nuestros amantes.
Escribimos para paladear la vida dos veces, en el momento y en retrospectiva. Escribimos, como Proust, para que todo sea eterno y para persuadirnos a nosotros mismos que lo es. Escribimos para poder trascender nuestra vida, para llegar más allá de ella. Escribimos para aprender a hablar con los otros, para registrar el viaje a través del laberinto, escribimos para ensanchar nuestro mundo cuando nos sentimos asfixiados, constreñidos, solos. Escribimos como los pájaros que cantan, como los primitivos realizan sus danzas rituales. Si no respiramos escribiendo o cantamos escribiendo, entonces no escribamos. Porque nuestra cultura no necesita nada de esto. Cuando no escribo siento que mi mundo se encoje. Siento que estoy en la cárcel, que pierdo mi fuego, mi color. Debería ser una necesidad como el mar necesita la marea. Yo lo llamo respiración. 


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Diarios
Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine, Francia, 21 de febrero de 1903 - Los Ángeles, 14 de enero de 1977)

Este es uno de los testimonios mas extraordinarios de la literatura universal. Un diario escrito a lo largo de toda una vida, mas de treinta y cinco mil paginas, que por primera vez nos descubre sin tabues a la mujer moderna, a la Anais Nin que se asoma sin vértigo al siglo XX. Testimonio de una mujer apasionada, autentica, explosiva, el Diario es un impresionante escenario intimo en el que se exhibe desnuda, feliz, sin complejos. Erigida como uno de los iconos de la liberación de la mujer, Anais Nin es recordada sobre todo por haber dado a la luz publica su intimo y a menudo perturbador Diario, en el que desnudó su alma de una forma que fue considerada por sus coetáneos revolucionaria y escandalosa a partes iguales y que hoy sorprende no tanto por su impudor sexual, sino por ser una incontestable muestra de alta literatura.

jueves, 16 de marzo de 2017

Prejuicio (Vicente Esteban)

Vamos a intentar una explicación de la razón que motiva esa hostilidad hacia el arte nuevo, tratando de suavizarla en lo que sea posible.
Al chocar nuestra sensibilidad con la obra artística -de cualquiera de las bellas artes- nuestra reacción está condicionada por prejuicios. Somos herederos involuntarios de esos prejuicios que nos colocan ante el poema, el cuadro o la composición musical de nuestros contemporáneos, en una actitud de reserva hostil. El juicio previo -prejuicio- nos impele a comprobar en la obra que se ofrece a nuestros ojos o nuestros oídos, los principios que lo constituyen. Si éstos no coinciden con la obra, optamos por rechazarla y continuamos aferrados al prejuicio, víctimas de su gran fuerza en nuestra infinita debilidad.
La pintura del siglo XX es tal vez la manifestación de arte que más vulgarmente padece este menosprecio de los que viven prisioneros de los esquemas tradicionales, de los prejuicios acumulados. "¿Por qué pinta ese pintor una silla que no es como la silla en que me siento? ¿Por qué llama a ese cuadro Boceto de Interior? ¿Qué Interior? Yo no lo veo por ninguna parte." Interrogaciones de este cariz colocan al espectador en una posición hostil. Se cierra intelectualmente el paso hacia el goce estético, que sólo será logrado cuando se despoje de prejuicios y abra los ojos para ver.
Hagamos un breve recorrido histórico para señalar los puntos esenciales en la evolución de la pintura desde el Renacimiento hasta nuestros días. Nos servirá de pauta para comprender la acumulación de ideas y creencias que poseemos. Comprendiéndolas en su verdadero valor habremos ganado mucho terreno hacia el aprecio del arte de hoy. Sólo después de pasar detenidamente por entre todos los árboles, y colocándonos fuera de ellos, a distancia, es que podremos ver el bosque en toda su belleza.

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La pintura del siglo XX
Esteban Vicente (Turégano, Segovia, 20 de enero de 1903 - Nueva York, 11 de enero de 2001)

A finales de los años cuarenta se fragua lo que se ha dado en llamar la Escuela de Nueva York, un grupo de artistas que practicaban una pintura abstracta, expresionista, cromática y dinámica. Aunque cada uno de ellos poseía una fuerte personalidad individualista, los críticos, por medio de la selección de obras en exposiciones colectivas, lograron que emergieran de sus cuadros unas características que, a pesar de sus sensibles diferencias, hoy les hace reconocibles como grupo. El segoviano Esteban Vicente (Turégano, 1903- Long Island, 2001), que en 1936 se había exiliado a Nueva York, no sólo comparte las características de los expresionistas abstractos norteamericanos sino que participa en algunas de esas exposiciones en las que se fragua la "Escuela", tales como New Talents 1950 y 9th Street. A pesar del éxito que obtuvo su trabajo en la capital del arte moderno, su obra no empezó a ser conocida en España hasta finales de los años ochenta.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Algo (José Agustín Goytisolo)


 Bolero para Jaime Gil de Biedma

A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
hablas a cada rato
de gente ya olvidada,
de calles lejanísimas
con farolas a gas,
de amaneceres húmedos
de huelgas de tranvías.

A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
cantas horriblemente,
no dejas de beber
y al poco estás peleando
por cualquier tontería,
yo que tú ya arrancaba
a que me viera el médico
pues si no un día de éstos
en un lugar absurdo
en un parque, en un bar
o entre las frías sábanas
de una cama que odies
te pondrás a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca...
...porque sin darte cuenta
te irás sintiendo solo
igual que un perro viejo
sin dueño y sin cadena,
te pondrás a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca.

A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas.



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Bajo tolerancia

José Agustín Goytisolo (Barcelona, 13 de abril de 1928 - Barcelona, 19 de marzo de 1999)

Bajo tolerancia fue una anticipación de los mejores rasgos estilísticos de Goytisolo -nos dice Neus Aguado en el prólogo de esta edición-, de su irónica expresión ante diversos aspectos de la vida y de la literatura. Se percibe aquí su deseo de implicar al lector en sus poemas, y le permite realizar la vieja aspiración de participar en ellos, de dejarle una vía abierta de múltiples sugerencias y sentidos. El armazón temático de este libro se apoya en tres constantes: autor-personaje, amor-ternura y verdad-libertad. Un poema parece surgir a partir de un hecho, pero inmediatamente el lector se da cuenta de que lo narrado trasciende a la anécdota, se abre a múltiples interpretaciones, se enriquece mediante la paradoja y la visión sarcástica de una vida compleja, cambiante, surrealista a veces.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Gaviota (Cristina Maristany)

Gaviota solitaria
qué sientes cuando vuelas
junto al sol, la mar
y el viento
hacia la eternidad.

Gaviota solitaria
qué sientes cuando miras
la espuma de las olas
mecida en el silencio
de las horas sin tiempo.

Gaviota solitaria
no escuches a los seres
que habitan aquí yertos
son sombras de un pasado
que no ha de retornar.

Quisiera vagar contigo,
juguetear entre las dunas
de una playa solitaria.
Gaviota solitaria
quisiera en ti volar.




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Más allá del silencio 
Cristina Maristany (Barcelona, 1933)

"Fuimos compañeros en la lluvia y en el viento", así empieza uno de los poemas de este libro, que es en realidad, un único y desesperado poema. Son variaciones sobre un mismo tema, la muerte del compañero con el que he vivido intensamente veintitantos maravillosos años de mi vida. El vacío brutal, y la terrible nostalgia de su ausencia. Mis pasos fantasmagóricos recorren los paisajes que eran nuestros, los días y las noches que ya fueron y no han de retornar. Es una necesidad de comunicación con él, es la búsqueda más allá de la muerte y el olvido. Son poemas escritos desde el llanto de la soledad del que se queda; no sé, cómo podrá reaccionar un lector normal, no sacudido por la desolación de una experiencia semejante. En plena desesperación, su proximidad me llega desde la infinita tristeza de la tarde, y le siento en la tierra, en el volar de una gaviota, en las montañas y en el mar; en la naturaleza que es eternidad.

miércoles, 25 de enero de 2017

Detalle (Marc Augé)

El esfuerzo por comprender lo que el detalle significa para el que lo exhibe o lo deja ver, puede ser el inicio tanto de un análisis de etnólogo como de una creación de novelista. Existe una forma de solidaridad entre cualquier recorrido individual y aquel o aquella que pretende restituirlo o imaginarlo. Toda afirmación de uno mismo, por muy irrisoria o artificial que pueda eventualmente parecer, constituye el inicio o el resumen de un relato que reivindica su autonomía. Autonomía relativa, en efecto, si pensamos en la avidez con la que los medios, en la actualidad, explotan como fuente inagotable el deseo que cada uno tiene de hablar de sí mismo. Pero autonomía a pesar de todo si consideramos que cualquier individuo, al producir los signos de lo que constituye una llamada a ser testigo e inicio de un posible relato, se sitúa a distancia y, en cierta medida, se libera de las determinaciones colectivas que pesan sobre su conducta, un poco como el hombre recurrió al cuento de hadas, según Walter Benjamin, para disipar la "pesadilla humana".
Precisamente por el hecho de que el metro está lleno de "detalles" que son llamamientos a los demás, es a la vez un fenómeno social total y una mina novelesca. Reinstalando el deseo de los individuos que observa, esbozando relatos que hablan sobre ellos, el autor profesional se muestra solidario con ellos, ya que toma como punto de partida las pequeñas señales que éstos le dirigen, tanto a él como a los demás. Pero él saca su ganancia. Sin duda no basta con colgar un walkman en las orejas de una nueva Olimpia para realizar una obra contemporánea. Sin embargo, cediendo a la tentación de imaginar y de contar lo que le inspiran los detalles que se le ofrecen cada día a la vista, el autor está entrando en la vejez, que no sabe con certeza si es de su época o de sí mismo de lo que a veces duda, quizá tiene su oportunidad, si Leiris tiene razón, de seguir siendo de su tiempo, es decir, de seguir estando, un poca más todavía, en el tiempo. 

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El metro revisitado
Marc Augé (Poitiers, 2 de septiembre de 1935)

Más de veinte años después de El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro, publicado en 1982, nos hallamos frente a un nuevo texto que quiere ser en palabras de Marc Augé «una mirada retrospectiva para intentar hacer un balance» de lo que ha cambiado y de lo que permanece.
Augé vuelve al libro escrito en 1982, observa el mismo metro de París que transita cada día y nos descubre las transformaciones que se han sucedido en el mundo en general, al hilo de las reflexiones que le provoca este medio de transporte.
No sólo para leer o pensar, sino para investigar el componente humano de cualquier ciudad en la que se utilice masivamente.