jueves, 16 de marzo de 2017

Prejuicio (Vicente Esteban)

Vamos a intentar una explicación de la razón que motiva esa hostilidad hacia el arte nuevo, tratando de suavizarla en lo que sea posible.
Al chocar nuestra sensibilidad con la obra artística -de cualquiera de las bellas artes- nuestra reacción está condicionada por prejuicios. Somos herederos involuntarios de esos prejuicios que nos colocan ante el poema, el cuadro o la composición musical de nuestros contemporáneos, en una actitud de reserva hostil. El juicio previo -prejuicio- nos impele a comprobar en la obra que se ofrece a nuestros ojos o nuestros oídos, los principios que lo constituyen. Si éstos no coinciden con la obra, optamos por rechazarla y continuamos aferrados al prejuicio, víctimas de su gran fuerza en nuestra infinita debilidad.
La pintura del siglo XX es tal vez la manifestación de arte que más vulgarmente padece este menosprecio de los que viven prisioneros de los esquemas tradicionales, de los prejuicios acumulados. "¿Por qué pinta ese pintor una silla que no es como la silla en que me siento? ¿Por qué llama a ese cuadro Boceto de Interior? ¿Qué Interior? Yo no lo veo por ninguna parte." Interrogaciones de este cariz colocan al espectador en una posición hostil. Se cierra intelectualmente el paso hacia el goce estético, que sólo será logrado cuando se despoje de prejuicios y abra los ojos para ver.
Hagamos un breve recorrido histórico para señalar los puntos esenciales en la evolución de la pintura desde el Renacimiento hasta nuestros días. Nos servirá de pauta para comprender la acumulación de ideas y creencias que poseemos. Comprendiéndolas en su verdadero valor habremos ganado mucho terreno hacia el aprecio del arte de hoy. Sólo después de pasar detenidamente por entre todos los árboles, y colocándonos fuera de ellos, a distancia, es que podremos ver el bosque en toda su belleza.

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La pintura del siglo XX
Esteban Vicente (Turégano, Segovia, 20 de enero de 1903 - Nueva York, 11 de enero de 2001)

A finales de los años cuarenta se fragua lo que se ha dado en llamar la Escuela de Nueva York, un grupo de artistas que practicaban una pintura abstracta, expresionista, cromática y dinámica. Aunque cada uno de ellos poseía una fuerte personalidad individualista, los críticos, por medio de la selección de obras en exposiciones colectivas, lograron que emergieran de sus cuadros unas características que, a pesar de sus sensibles diferencias, hoy les hace reconocibles como grupo. El segoviano Esteban Vicente (Turégano, 1903- Long Island, 2001), que en 1936 se había exiliado a Nueva York, no sólo comparte las características de los expresionistas abstractos norteamericanos sino que participa en algunas de esas exposiciones en las que se fragua la "Escuela", tales como New Talents 1950 y 9th Street. A pesar del éxito que obtuvo su trabajo en la capital del arte moderno, su obra no empezó a ser conocida en España hasta finales de los años ochenta.