miércoles, 17 de mayo de 2017

Figura (László E. Almásy)

De allí conduje la expedición por Kufra hacia el vértice noroccidental de la sierra de Jilf Al Kabir, hasta el valle rocoso donde P.A. Clayton, en 1931, y yo mismo, en 1932 y 1933, hallamos imágenes grabadas y útiles de piedra. Mientras mis compañeros copiaban las figuras, marché también allí con Sabir hacia el este en viaje de descubierta siguiendo el borde rocoso del altiplano del Jilf. En aquel lugar reconocí ya desde lejos el estrato rocoso en el que la arenisca blanca se asienta sobre una roca dura. A cuatro kilómetros de nuestro campamento me introduje con el coche en uno de aquellos uadis y comenté a Sabir que también allí íbamos a encontrar cuevas con pinturas. Pero nuestro nuevo descubrimiento superó todas las expectativas.
En el valle, hallé cuatro cuevas pintadas con bellísimas imágenes. En la mayor, pude comprobar que el techo había estado completamente cubierto de pinturas en otros tiempos, pero, con el paso de los milenios, la capa superior se había desprendido en casi todas las partes junto con las imágenes. Sólo en puntos aislados se mantenían, como manchas aisladas, algunos fragmentos. Aquel uadi debió haber sido en otras épocas un lago. En efecto, en una de las cuevas descubrí el grupo de figuras de nadadores.
Allí apareció también un color que no habíamos visto hasta entonces: el ocre amarillo. El estilo de las figuras corresponde con toda claridad al egipcio antiguo; las imágenes muestran escenas de familias y danzas, y la lucha entre hombres con arcos y flechas; podían servir como una auténtica revista de moda de tocados y vestidos. En la mayor de las cuevas encontré una piedra grande, tallada de forma oval, una de cuyas superficies estaba igualmente pintada de rojo. Al principio pensé que aquella piedra podía haber servido en su momento para moler el pigmento; pero, al examinarla más de cerca ví en las dos caras unos ojos y labios tallados. Más tarde, en El Cairo, los egiptólogos constataron que aquella piedra era la forma más primitiva de las llamadas paletas, halladas en las tumbas del antiguo Egipto.
Bauticé este valle con el nombre de Uadi Sora, es decir, el "Valle de las figuras".

__________________________________________________________________________________

Nadadores en el desierto 
László E. Almásy (Borostyánkő,  3 de septiembre de 1895 – Salzburgo, 22 de marzo de 1951) 

Como es sabido, el protagonista de El paciente inglés, la novela de Michael Ondaatje y la famosa película de Anthony Minghella, existió realmente: se trata del pionero del automóvil, piloto y aventurero aristócrata de origen austrohúngaro Ladislaus E. Almásy.
A principios de los años treinta, el conde de Almásy, como a él le gustaba llamarse, realizó en automóvil y avioneta una serie de arriesgadas expediciones a los lugares más recónditos del Sáhara oriental. La crónica en primera persona de esas vivencias se encuentra en Sáhara desconocido, publicado en 1934 en húngaro y cinco años más tarde, en una edición ampliada y modificada, en alemán.
Nadadores en el desierto ofrece los capítulos centrales de ambas ediciones, en los que Almásy narra sus aventuras y hallazgos más sobresalientes: entre otros, la azarosa búsqueda del mítico oasis perdido de Zarzura y el sensacional descubrimiento, en una de las zonas desérticas más inaccesibles del planeta, de las bellísimas pinturas rupestres.